¿Cambio de agenda en Alemania?

La salida de la escena política alemana de la canciller Angela Merkel y la elección de su sucesión trajo consigo cambios para tener en cuenta.
El resultado de la urnas no solo produjo devaluación y fragmentación de la "gran coalición” entre los bloques de la centroderecha -configurado por la Unión Demócrata Cristiana (CDU) y la Unión Social Cristiana (CSU), que desde hace años votan juntas- y la centroizquierda del Partido Socialdemócrata (SPD), sino que provocó un nuevo mapeo político.
Tanto la centroderecha democristiana como la izquierda socialmócrata obtuvieron resultados poco promisorios, ya que los primero cosecharon apenas uno de cada cuatro votantes (24,1%) y los segundos lo mismo (25,7%), remontando en pocas semanas el 15% de las encuestas.
Las hipótesis son contradictorias.
Una es la eventual migración de pare del electorado menos ideologizado del bloque CDU/CSU que vio en Olaf Scholz (SPD) un perfil similar al austero y moderado de la saliente Merkel.
La otra interpreta que el rápido remonte electoral del SPD se debió al “voto útil” aportado por Die Linke (Partido de la Izquierda), para evitar que ganara el candidato de la centroderecha Armin Laschet (CDU/CSU).
También le fue mal a los nacionalistas radicales de Alternativa por Alemania (AfD), que redujeron su cosecha electoral (10,3%) y terminaron fragmentados entre militantes negacionistas del Covid-19 y sectores abiertamente neonazis, y los sectores más nacional-conservadores.
Los ganadores de la jornada fueron el Partido Verde (PV), que obtuvo 14,8% de los votos, y el Partido Democrático Libre (FDP) que alcanzó un 11,5% del electorado.
Las opciones de formar gobierno son las de repetir una “gran concertación” entre el SPD y el bloque CDU/CSU, pero esta vez liderados por los primeros (opción que parece difícil), o formar coaliciones entre el SPD o la CDU/CSU y los PV y FDP.
Hay una cuarta parte del electorado que no llegó al Parlamento, por no cosechar más de un 5% de los votos y consecuentemente estar impedidos de ingresar al mismo, sector dentro del cual quedó la formación Die Linke (Partido de la Izquierda) que arañó el 4,9% de los votos y mordió el polvo expraparlamentario.


Ratio diferente

La debacle electoral de Die Linke mostró el punto más bajo de un largo rosario de fracasos de la izquierda de tipo socialista en la consideración popular.
“Es hora de debatir en Die Linke y en la izquierda en general como a mediano plazo podemos construir una izquierda política más fuerte, más arraigada en los lugares de trabajo, en los barrios, en las escuelas, activa e inspiradora en los movimientos sociales, portadores de proyectos concretos de movilización y acción que encajan en una perspectiva de cambio social radical, para romper el poder del gran capital y sus servidores públicos. (…) El próximo gobierno, si solo tenemos en cuenta la lucha contra el desastre climático, se perderá por otros cuatro años. Y la ventana de tiempo que nos queda, comienza a cerrarse”.
Quizás el planteo sea otro relacionado con el agotamiento del tipo de propuesta, derivado del desgaste temático y el vaciamiento de utopías.
Parecen haber pasado los días de los grandes partidos hegemónicos, y el crecimiento de Verdes y Liberales muestra el renovado interés del electorado alemán por temas políticos diferentes a los tradicionales.
De golpe, la política comenzó a discurrir por movimientos de intereses culturales, tribus identitarias y el malestar sociológico interno, todas expresiones por ahora de perfiles políticos difusos.
Este resultado reflejó que hubo un cambio de temas en el interés del público, o quizás una pérdida del monopolio de los mismos por los sectres establecidos, provocándose una progresiva erosión del perfil diferencial ante las demás formaciones del espectro político.

This article was updated on octubre 5, 2021

Heraclio Labandera

Periodista y autor. Corresponsal de publicaciones extranjeras, agencias internacionales de noticias. Ha trabajado para diarios, semanarios, revistas, radio, televisión y redes. Escribe sobre política y economía. Autor de libros sobre ética, pensamiento e historia. Eterno curioso.