El lado oscuro de la luna

A poco rato de cumplirse los primeros 550 días de gestión del presidente Luis Lacalle Pou, la pregunta es si llegó al final la luna de miel del gobernante o si el Gobierno está entrando a orbitar el lado oscuro de la luna.
La consulta es relevante, en particular luego de que la oposición usara durante más de 500 jornadas cuanta munición tuviera a mano para tirar sobre Lacalle Pou sin pausa.
Es espectacular el esfuerzo de creatividad realizado por la oposición para inventar desde que comenzó el Gobierno de Lacalle Pou una crítica diaria diferente contra el mandatario, como desconcertante ha sido la reiterada impericia demostrada para dar en el blanco.  
Hay poca memoria en el país de una metralla tan copiosa usada sobre algún gobernante uruguayo, con distintas balas y de diverso calibre, disparadas con el objetivo expreso de golpear al plexo de Lacalle. Pero parece que la oposición cayó en su propia trampa y se convenció como fiel prosélito de que el relato por ellos inventado sobre el personaje era una verdad revelada, sin comprender que a esta altura de las cosas hay un notorio descalce entre los estereotipos agitados por el FA para explicar el orden del universo, sus  prejuicios sobre la alteridad no-frenteamplista, y la realidad que en verdad reina en la caverna.
Es el problema de construir el edificio sobre un adoquín, sin tomarse el trabajo de sacar la cabeza de adentro de la botella para mirar al menos, como están los cimientos de su discurso.
De modo que para la talud de la izquierda ese 47% sabe a pastel de cumpleaños, cuando aún no se pudo romper la piñata.
Algunos de los parroquianos desean con ansia que el golpe al plexo presidencial se haga realidad, mientras que otros fieles catecúmenos aún no se explican por cual motivo la encuesta pudo serle mezquina a un presidente con tan esmerada imagen.
Se podría decir que este juego de festejos y lutos por números de tan efímera vida útil, muestra cuán frívola puede llegar a ser la política si la valoración de una gestión gubernativa termina reducida a un número caprichoso surgido del sinuoso humor popular.
Pero así como las buenas cifras del mes pasado justificaron el aplausos de tirios y las caras largas de troyanos, también es legítimo plantearse la misma interrogante sobre lo que ocurrirá ahora que las cifras de aprobación pasaron del 64% al 47%.
Convengamos que tener 64% de aprobación popular luego de 500 días de gestión es mucho, y no sería poco tener 47% de apoyo un mes más tarde, pero es evidente que lo relevante en este caso es saber si este declive se convertirá en tendencia, que es lo que sueña la oposición más troglodita.
Hay algunos episodios que parecen ser responsables directos de este corrimiento en las preferencias populares.
Es natural que una gestión que ya superó el medio millar de jornadas comience a mostrar algún signo de fatiga, en particular cuando el público simpatizante de la Coalición comenzó a percibir que algunas promesas de campaña han quedado relegadas en el menú del Gobierno.
El primer incumplimiento que en forma reiterada agita la talud oficialista como tema olvidado en el menú gubernativo, son las prometidas auditorías a gestiones y funcionarios del anterior Gobierno sospechados de actos dolosos, intervenciones que el actual Ejecutivo no ha dispuesto y la gente se entera en forma parcial por investigaciones de prensa.
Da la impresión de que algunos periodistas tienen ahora más muertos del anterior Gobierno, que todos los integrantes juntos del Gobierno multicolor.
Es probable que ese juicio sea injusto y seguramente haya razones poderosas para que esto ocurra así, pero la talud oficialista no entiende demasiado esas causas, ya perdió la tolerancia y cada vez tiene menos ganas de esperar.
Está claro que las demandas incumplidas provienen de una militancia heterogénea proveída por los cinco partidos coaligados, todos con sensibilidades políticas distintas.
Pero las presiones terminan recayendo sobre una figura presidencial cada vez más alejada de la galaxia blanca y en toda oportunidad ataviada con el traje ecuménico de la Coalición.
El segundo incumplimiento agitado por el cuadro oficialista para esta caída de la popularidad es probable que hayan sido los recientes aumentos de los combustibles, lo que provocó una sonora orquesta de ruidos en los ámbitos del ruralismo de whatsapp -una galaxia de unos 200 grupos distribuidos por todo el país y que a diario se intercomunica de sur a norte del territorio nacional- que fue la escolta de honor con miles de jinetes durante la asunción del presidente Luis Lacalle.
Este asunto puso a debate el futuro de Ancap y sus empresas satélites, pero el tema no es sencillo por varias razones.
En un algoritmo simplista, se podía abaratar el precio de los combustibles mediante la libre importación, pero esa idea no contó con las necesarias unanimidades entre los partidos de la Coalición, y el tema quedó relegado para una nueva instancia que por ahora está sin fecha.
Se implementó una solución salomónica que por ahora solo trajo aumentos, pero nadie se tomó el trabajo de poner sobre la mesa abaratar los combustibles reduciendo la presión fiscal que los grava.
Este seguirá siendo un gran debe para Luis Lacalle. 
En contrario a lo que se piensa, los recambios ministeriales y de jerarcas en general, lejos de deprimir la imagen presidencial, han reforzado la idea de que el primer mandatario arbitra sin miramientos la ética pública del Gobierno, decidiendo con rapidez la salida de los que se equivocan o que no sirven.
La gran interrogante podría ser como repercutirá el resultado de la gestión de Gobierno en el resultado del referéndum contra la LUC, particularmente cuando dirigentes como el comunista Oscar Andrade dijo hace algún tiempo -cometiendo un auténtico acto fallido- que esa compulsa sería un verdadero referéndum contra el Gobierno.
El auténtico interés expresado por otros actores de la dirigencia más comprometida con la consulta, es arrinconar al Gobierno y consecuentemente, esta vez el Gobierno estará obligado a defender una ley emblemática.
Pero para el primer semestre de 2022 -fecha de la consulta, si están las firmas- aún falta mucha agua bajo el río.
Puede ser que la luna de miel se haya terminado, pero el debate no.

 

(nota publicada en semanario Voces de 26.08.2021 en reflexión de la consulta semanal: ¿Fin de la luna de miel presidencial?)

Consulta del semanario Voces

¿FIN DE LA LUNA DE MIEL PRESIDENCIAL?

Las últimas encuestas muestran un descenso en la popularidad del presidente Lacalle Pou. Según Equipos consultores bajo trece puntos en dos meses, aunque aún mantiene un 47% de aprobación.
¿Comenzó la pendiente de la gestión presidencial? ¿La gente asume que la pandemia llega a su fin y analiza otras variables? ¿Cuánto juega la oposición en esta coyuntura? ¿Influyen las contradicciones internas de la coalición gobernante? ¿Hay un desgaste por las recurrentes remociones de funcionarios de altas jerarquías? ¿Está pesando la complicada situación económica de mucha gente? ¿Se están cobrando las promesas incumplida de campaña electoral con el aumento de tarifas y combustibles como emblema? ¿El clima de polarización al que alimentan también algunas espadas mediáticas del gobierno aburre a la gente no tan politizada? ¿Puede revertir el gobierno la situación? ¿Cómo influirá el próximo referéndum?

This article was updated on agosto 30, 2021

Heraclio Labandera

Periodista y autor. Corresponsal de publicaciones extranjeras, agencias internacionales de noticias. Ha trabajado para diarios, semanarios, revistas, radio, televisión y redes. Escribe sobre política y economía. Autor de libros sobre ética, pensamiento e historia. Eterno curioso.