Las claves de la geografía y la historia (II)

Vimos que nuestro continente, Sudamérica, está emplazado en la periferia del mundo más relevante y no sólo en las noticias. Es una posición excéntrica, tanto en lo geográfico como para la economía e incluso en términos intelectuales y políticos, que de algún modo nos pone a salvo de algunas cosas -como siempre que se está lejos del barullo- y en otros sentidos nos deja un poco al costado del juego universal del poder. 
Hay otras claves geográficas que son propias del continente. En la realidad física sudamericana -tan singular como podemos serlo los seres humanos- hay dos enormes accidentes que caracterizan a esta parte de América: la floresta amazónica y la cordillera andina. La geografía física de las tres Américas es tan impresionante que este nuestro mundo es el escenario donde el espacio manifiesta su gran poder, del mismo modo que Europa, en la brevedad de su extensión, es -casi podría decirse que fue- el teatro de la historia.

Los Andes y la Amazonia son, en términos humanos muy reales, áreas impracticables para la vida tal como la conocemos en las áreas menos adversas. Quienes podemos conducirnos con la comodidad que permiten los espacios menos accidentados, no tenemos una noción cabal de las dificultades que suponen para la actividad humana las altas montañas y la selva tropical y ecuatorial.
Debido a la presencia de esos dos desiertos, el cordillerano y el selvático, en el continente quedaron definidos grandes sectores, que comienzan por ser un hecho físico y luego los veremos reforzarse con el acontecer humano. Esas realidades diversas actúan como factores muy importantes para la vida de las sociedades, algo de lo cual eran conscientes las culturas precolombinas de mayor desarrollo -no así las parcialidades más primitivas-pero que nos afecta cada vez más profundamente a medida que perfeccionamos los medios de comunicaciones y aumentan la necesidad y el interés por la vinculación intracontinental.

El segmento de Sudamérica que se da de bruces con el Océano Pacífico es una faja estrecha, preponderante en riquezas minerales y relativamente pobre para la actividad agraria, con vías de comunicaciones longitudinales -marítimas y terrestres- pero desprovista de arterias fluviales navegables. Esta área está de cara a ese océano que, en comparación con las otras grandes masas de agua del planeta, es todavía un desierto físico e histórico, que probablemente sea puesto en valor por China antes que por América. 
Sobre el Océano Atlántico, se proyecta hacia el este la mayor parte de la masa sudamericana. A diferencia de su contracara continental sobre el Pacífico, esta otra área es muy apta para la producción agropecuaria y relativamente menos rica en depósitos minerales. Por situarse sobre el Atlántico, centro de gravedad histórico que desplazó de su importancia original al Mar Mediterráneo, esta parte de América del Sur concentró la vida históricamente más relevante del continente. El segmento atlántico de Sudamérica está vertebrado por una densa red hidrográfica, cuya importancia no coincide con el uso pobrísimo que se hace de ella para el transporte.
Desde la parte más septentrional de los Andes se desprende hacia el norte un arco que baja hacia el Mar Caribe. Es un territorio rico, con gran incidencia de la industria mineral extractiva y potencialidad agropecuaria con baja explotación. Aislada del resto de la masa continental por la cordillera pero fundamentalmente por la interposición de la selva amazónica, esta región está inevitablemente enfocada a lo que fue el centro del imperio español en América pero que hoy es un lago bajo la a influencia de los Estados Unidos, con todas sus consecuencias.
La geografía tiene aún para decirnos muchas cosas valiosas para el análisis estratégico, una de las cuales considero fundamental y es la particularidad del espacio boliviano, que no encaja enteramente en el área del Atlántico ni en la del Pacífico sino que es la bisagra continental entre ambos; eso queda para la próxima.

This article was updated on diciembre 14, 2020

Juan José Mazzeo

Marino militar. Capitán de Corbeta de la Armada Nacional y Capitán de Ultramar de la Marina mercante. Asesor de empresas navieras, docente de temas marítimos y portuarios. Investigador, conferenciasta y escritor en historia, especialista en asuntos marítimos y antárticos. Constante surcador de mares embravecidos.