Nuestra deuda

La grieta. Eso que nos divide. Los opuestos. Las percepciones. Los relatos. Hay quienes persisten en solo mirar para adelante, Y tampoco está mal. La línea del tiempo solo corre en un sentido y discutir lo que ya fue no parece muy sensato. Tampoco lo es el transitar el camino futuro con pies de barro, viniendo desde un pasado que no fue y se nos aparece instalado y nos condiciona.

Consensuado por obra de titiriteros de neuronas y por maestros en propaganda. El dilucidar que y cual es la verdad puede tener ribetes filosóficos, así que mas humildemente debemos procurar solo la búsqueda de veracidad en el acaecimiento de los hechos.

Esto es, en el hecho puntual, en el evento que si haya ocurrido, haya pasado real y tangiblemente en el mundo. Después vendrán las interpretaciones que en tanto humanos necesitamos darle a la cosas para intentar comprenderlas.

Es allí que empiezan a tallar las percepciones, tan propias y personales que podremos diferir entre todos y quizás ninguna sea exactamente igual a otra. Por eso el ir a los hechos que en si mismo son incontrovertibles. Tienen entidad propia.

Mas allá de las interpretaciones, explicaciones, causas que se atribuyan y efectos resultantes. Hasta las secuelas a través de los años serán cuestión opinable.

El falsear la historia para obtener ventaja política puede hacerse de muchas formas. Ocultando los hechos, total o parcialmente. Inventando hechos que no existieron. O una combinación de ambas, de manera tal de poder manipular la realidad y así a la gente.

Pero lo mas común y extendido se esconde en las interpretaciones, las justificaciones, las lecturas que se hacen de los hechos. Por eso es que a veces resulta difícil distinguir cuando las diferencias que puedan separarnos están basadas en distintas pero honestas percepciones o en una mentira intencional para buscar una ventaja o provecho.

Es el tiempo entonces de acudir al hecho en si, su contexto, local, regional e internacional. Los significados que en su momento lo acompañaron y despojarlo de los aderezos. Cortar al ras los hilos de los titiriteros que moldean cerebros y parecen operar en esa zona gris entre vigilia y sueño.

La historia no puede dividir. Es solamente una serie de hechos concatenados del pasado. Lo que si nos dividen son los relatos. Y será necesario acudir, de una vez por todas con el espíritu científico de un historiador, a escudriñar los hechos para terminar con los falsos relatos y exponernos la verdad.

Hay que ver si los titiriteros lo permiten, porque a veces han deformado tanto los entendimientos que apriorísticamente parten de un supuesto como verdad y volveremos entonces a la dicotomía de los relatos.

La grieta, la fragmentación. El término acuñado es el de historia reciente. Pero referimos a hechos que ocurrieron hace cerca de medio siglo, y de ahí para atrás.

Época en que la guerra fría no se había entibiado y éramos el tablero de ajedrez de un gambito de dama sin Netflix.

Creo que estamos a la distancia apropiada como para hacerlo bien. Ya se han desclasificado los archivos que parece algunos se niegan a leer.

Y Chico Tazo no era agente de la CIA, estaba mas cerca Arismendi de ser un KGB, pero tampoco lo era.

Lo que si organizó fue un cabildo abierto de desagravio al mate y metió miles de personas en la plaza de Minas solo porque el Che había venido y se fotografió tomando mate. Era una forma por entonces válida y útil de hacer política,

Agente de la CIA. Un rótulo fácil que sirvió para desacreditar a los rivales políticos que eran mas que rivales enemigos. Y englobaba todo. Significaba lo peor, Cerdo capitalista torturador mercenario. Asesinarlo parececía no resultar algo cuestionable.

Nos merecemos la verdad. Una historia real. Dejar ese limbo de fanáticos que naufragan entre los dictadores que se parapetaban en los textos de “Testimonio de una Nación Agredida” y los tramoyeros disfrazados de “Robin Hood” que se presentan como perseguidos por luchar por libertades y democracia pretendiendo ocultar y disimular que hicieron exactamente lo contrario.

Algunos mediadores eclécticos pretenden apaciguar las aguas y unificar relatos, pero no es sumando pedazos de relatos falsos la manera de poner a luz la verdad.

Creo es el momento justo. Muchos veteranos fueron contemporáneos de aquellos episodios que hicieron a la historia. Años que vivieron, disfrutaron y padecieron. No podemos legar a los mas jóvenes una retahíla de mentiras adobadas a gusto y conveniencia por los titiriteros de siempre.

Es una deuda con la justicia que habrá que saldar antes que se abra nuestra sucesión.

Hay que blanquear nuestro pasado ya no tan reciente. Pongamos en el inventario de nuestra relación de bienes a la verdad y la justicia en la historia.

No es buena cosa dejar que se usurpen palabras que a fuerza de repetirlas pretenden legitimar lo sesgado de un relato.

Tan absurdo como pretender que un golpe de estado se da en defensa de las instituciones democráticas.

Es tiempo de romper relatos.

De instalar la verdad.